COPIO del enlace que nos ha dejado aki Maria:

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"Maldigo, con la más rotunda de las maldiciones, a quienes, por estas fechas u otras, abandonan a sus animales de compañía. No son dignos de los unos y de la otra. Les deseo que un día sean ellos los abandonados (y seguramente acabarán por serlo) de sus mujeres, sus hijos, de sus amigos...Por egoístas despreciables. Por posponer a un ser vivo, dependiente, amable en estricto sentido, generoso y fiel, a sus propios proyectos de vacación y de comodidad. Por rescindir una relación cuando les parece conveniente. Por hijos de la gran puta. Con perdón." Palabras de Antonio Gala, en "Maldición".
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Callejero
Lo vi deslizarse entre las sombras de la noche,
su escuálida silueta se me antojó un espectro
que sin destino vagaba, solitario y perdido,
buscando saciar su hambre entre los despojos
y aplacar su sed, en algún charco ennegrecido,
para luego, hambriento, sediento y aterido de frío,
hacer de cualquier miserable rincón su lecho.
Sé que era atroz su miedo al ser humano,
pues él fue quién hirió su carne y enflaqueció su cuerpo.
Su única amiga era la soledad, perpetua compañera,
su único pecado, ser más débil que su dueño.
En sus ojos lánguidos creo que vi lágrimas,
y era en ellos la tristeza el reflejo de quien asustado
no puede comprender, porqué causando dolor,
y porqué de su absurda y cruel violencia
el hombre se ha de valer para sentirse amo y señor
de tantos seres, indefensos en su inocencia.
No buscaba la piedad,
hacía tanto que ya no creía en ella,
pues con golpes fue pagada su fidelidad,
con desprecio su amor y su celo,
conoció el odio y la rabia, quiso defenderse más…
ya no halló fuerza entre su piel y sus huesos.
Huyó,
para convertirse en una criatura perseguida y acosada
pues grave era su delito: no lucir un collar en el cuello;
tan peligrosa bestia jamás podría gozar de libertad
y es que el hombre, sin palos ni cadenas para atar,
también siente miedo.
Fueron sus días errantes,
una angustiosa búsqueda de cobijo y sustento,
sus noches, la trágica historia de quien por sobrevivir,
rozó la muerte,
y sintió tan próxima su helada caricia
que elevó al cielo su aullido, lastimero gemir,
y fue únicamente la luna testigo de su agonía y su lamento,
tan solo ella, vio llorar a aquel perro.
... Ya lo recogen con repugnancia del asfalto,
al hombre le da asco el cuerpo que él mismo aplastó.
Ahora reposa entre basuras,
y en esa su tumba, de todos olvidado,
yacen los restos del pobre infeliz.
Todos vimos tan triste espectáculo,
y como la sangre bañaba su cuerpo deshecho,
la misma que tantas veces su lengua lamió.
Lo que nadie vio en aquel cadáver destrozado
fueron las otras heridas, también abiertas,
las de su corazón.